Querido Universo:
Comparto mi vida con un hombre emocionalmente estable, físicamente sano y mentalmente equilibrado. Es un hombre masculino, caballero, fuerte, con gran presencia y carácter noble. Es muy amable conmigo, siempre atento, considerado y generoso en sus palabras, gestos y acciones. Me inspira a ser mi mejor versión. Me anima y me ofrece su amor, paciencia y comprensión incluso en mis momentos más sensibles. Su compañía es mi refugio y mi motivación.
Vivimos una intimidad mágica y especial, una conexión única donde el deseo se despierta con solo una mirada. Cada encuentro entre nosotros es un momento sagrado de amor, complicidad y plenitud.
Mi pareja es cariñosa, amable con los demás, generosa, amorosa y tierna. Me ama tal y como soy, con mis virtudes y también con mis imperfecciones. Se comporta con respeto y elegancia en cada lugar y situación. Su presencia desprende luz y una brillante armonía. Irradia paz, alegría y una energía amorosa que llena cada espacio que compartimos.
Él me ve hermosa tanto por dentro como por fuera, y también elegante. Me admira, me valora y se siente afortunado de tenerme a su lado, tal como yo me siento con él.
Es un hombre apuesto, alto, delgado, atlético, atractivo y jovial. Tiene una presencia que cautiva y una energía vital vibrante. No aparenta su edad ni en su físico ni en su actitud. Tiene entre 48 y 52 años, ligeramente más joven que yo o un poco mayor, y su apariencia es siempre saludable, fresca y vital. Está completamente sano, sin enfermedades ni necesidad de medicación alguna. Goza de equilibrio físico, emocional y mental. A ser posible, no tiene hijos y está disponible para compartir una vida plena y amorosa conmigo.
Es de raza blanca, cree en Dios y valora la espiritualidad. No le importa asistir a la iglesia de vez en cuando, compartiendo conmigo momentos de conexión, fe y gratitud.
Vive con entusiasmo, cuida su aspecto con estilo y equilibrio, le gusta arreglarse y mantenerse activo. Es divertido, extrovertido, justo, viajero, romántico, detallista, buen amigo, amante y confidente. Es exitoso, trabajador y disfruta de una vida de abundancia. Invierte con alegría en nuestra relación, en experiencias inolvidables y en el futuro que estamos construyendo juntos. Sueña en grande y me incluye con ilusión en sus planes.
Adora a su familia, la respeta y la quiere mucho, tanto como yo quiero a la mía. Siempre desea lo mejor para ellos, y eso nos une en valores profundos, nobles y generosos.
Aunque nos amamos profundamente, cada uno vive en su propio hogar, su espacio íntimo y personal, su refugio. Sin embargo, nos vemos siempre, compartimos mucho tiempo juntos y lo hacemos con un amor inmenso. Nos reunimos todos los días, aunque sea por un momento breve, y cada encuentro es un regalo glorioso y maravilloso para ambos. Hablamos con frecuencia, compartimos pensamientos, emociones y silencios. Nos respetamos mutuamente y valoramos intensamente la presencia del otro.
Siempre tenemos momentos y encuentros especiales, creados con amor por los dos. Nos regalamos detalles sencillos y sinceros, que nacen del corazón y alimentan nuestra conexión única.
Disfrutamos de momentos a solas y también de encuentros con nuestros amigos y seres queridos. Amamos las sorpresas, respetamos nuestros espacios y nos elegimos con libertad y amor todos los días.
Desde el primer momento en que nos vimos, supimos que lo nuestro era especial. Fue un flechazo, un amor a primera vista. Nuestro encuentro fue casual, hermoso y divertido. Nuestras almas se reconocieron y desde entonces no dejamos de elegirnos. Nos reímos, nos apoyamos, crecemos y compartimos esta aventura de la vida con armonía, pasión y alegría. Somos un equipo.
Las personas que me quieren también lo quieren a él, y se sienten felices y orgullosas de nuestra unión. Yo lo amo tanto como él me ama a mí. Me siento profundamente orgullosa de él y de la persona que es, y por eso me encanta mostrarlo al mundo. Me llena de felicidad compartir lo que somos, con luz y verdad.
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